¿Qué hacías tú cuando la IA llegó? La vida tras ChatGPT

Las generaciones nacidas en el último tercio del siglo XX hemos sido testigos privilegiados de sucesivas revoluciones tecnológicas que han cambiado la comunicación humana para siempre. Seguro que muchos recordamos qué hacíamos cuando llegó Internet, cuando se popularizó la telefonía móvil, cuando oímos por primera vez hablar de Google o Facebook.

Las empresas tecnológicas, con Mark Zuckerberg especialmente obsesionado en ello, llevan varios años intentando anticipar cuál va a ser la próxima disrupción tecnológica que suponga un paso más allá y genere nuevas formas de compartir el conocimiento junto a, claro está, nuevos nichos de negocio para estas empresas tecnológicas. En el caso de Zuckerberg y su conglomerado Meta, la apuesta estaba clara desde hace unos años: el futuro era el Metaverso. Un espacio virtual en el que desarrollar toda una vida paralela no solo en los relacionado con el ocio, sino con el trabajo, la productividad y el consumo. Era como si el capitalismo hubiera encontrado un nuevo continente que colonizar y explotar.

Sin embargo, la realidad es ésta: el metaverso no acaba de arrancar, pues los usuarios (el pueblo llano y soberano) no termina de entrar en él e incorporarlo a su acervo tecnológico. Y mientras tanto el nuevo avance que ha irrumpido con fuerza ha sido todo el relacionado con la Inteligencia Artificial. No ya como un abstracto (desde hace años se hablaba de cómo los motores de IA hacían más inteligentes los resultados de nuestra búsqueda en Internet, el procesamiento de imágenes, la capacidad de los ordenadores para interactuar con los humanos), sino como algo más concreto. En cuestión de meses, nombres como Midjourney, ChatGPT o DALL-E, han ido copando titulares y estimulando la curiosidad de miles de usuarios. Y no olvidemos que ese fue el principal gancho de las anteriores iteraciones de Internet: la conexión con la curiosidad innata de los usuarios, que les llevó a experimentar con juegos, foros, blogs, redes sociales, etc.

Una vez establecido ese gancho, los usuarios han visto cómo estos productos de IA resultaban útiles para ellos. La creación de imágenes con motores como Midjourney empieza a trascender la experimentación para convertirse en una herramienta para escritores o diseñadores de producción. El uso de ChatGPT está empezando a servir como “ayudante” para la estructuración de propuestas y proyectos, o redactar textos rutinarios. Cierto que todo esto genera nuevos interrogantes: morales, éticos y jurídicos. Pero de ello hablaremos otro día en el blog de Víctor Martínez Abogado.

A partir de aquí, se ha abierto una nueva caja de pandora, y las empresas tecnológicas buscan explotar el nuevo filón. Sorprendentemente la más ágil ha sido la antaño anquilosada Microsoft, que desde la incorporación como CEO de Satya Nadella viene dando muestras de una capacidad para olfatear tendencias que hace una década solo asociábamos con Google o Apple. Ellos apostaron por ChatGPT, invirtieron en OpenAI y ya han anunciado una integración de sus herramientas con su buscador, Bing.

Quien domine las búsquedas domina Internet, y Google no puede permitir quedarse obsoleta en esta nueva etapa. Llevaba años desarrollando iniciativas de este tipo, pero todas de puertas para adentro. Rápidamente ha anunciado también Bard, su propia IA.

Mientras tanto, en este importante capítulo, Facebook ni está ni se le espera, demostrando algo que ya es una realidad palpable: que tiene millones de usuarios en sus plataformas, pero es una empresa que ha perdido el ritmo de la innovación imprescindible en el sector.

Pronto todos recordaremos qué hacíamos cuando la IA se convirtió en una herramienta cotidiana y popular. Y se hará difícil pensar que hubo un tiempo en el que no contábamos con una IA a nuestro lado ayudándonos a trabajar, buscar, elaborar contenidos.

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