La publicidad ha sido durante décadas una presencia constante en el cine, no solo como producto (a través del product placement) sino como oficio retratado en pantalla. Y lo ha hecho con una dualidad fascinante: a veces idealizada, creativa y brillante; otras veces, cínica, manipuladora o incluso peligrosa.

La agencia como escenario narrativo
Películas como “El show de Truman” (1998) o “Gracias por fumar” (2005) ponen al publicista en el centro del debate ético: ¿dónde están los límites de la persuasión? En ambas, los protagonistas son maestros en la creación de relatos, pero su talento pone en juego algo más que una campaña: la verdad, la libertad o la salud pública.
En “Mad Men”, aunque sea una serie, la figura del creativo Don Draper encarna al publicista como demiurgo: crea deseos, moldea identidades, vende humo con estilo. El Nueva York de los años 60 se convierte en metáfora del poder narrativo de la publicidad.
Creatividad, ego y cinismo
En “El sol de cada mañana” (2005), con Nicolas Cage como presentador del tiempo aspirante a publicista, vemos la tensión entre éxito profesional y fracaso personal. En “What Women Want” (2000), Mel Gibson accede de forma mágica a los pensamientos femeninos, lo que plantea una pregunta inquietante: ¿qué haríamos los publicistas si supiéramos exactamente qué quiere el consumidor?
También hay sátiras directas como “Cómo ser John Malkovich” o “La muerte os sienta tan bien”, que ridiculizan el narcisismo, el culto al cuerpo y el control mental, tópicos que a menudo orbitan alrededor de la industria publicitaria.
Publicidad como construcción cultural
El cine también ha explorado el papel cultural de la publicidad como creadora de aspiraciones, estéticas y valores sociales. En “No es país para viejos” (2007), por contraste, la ausencia de publicidad y de artificios sirve para subrayar la crudeza de una realidad sin adornos.
¿Y qué pasa con el product placement?
La publicidad no solo se representa: también se infiltra. Desde los coches de James Bond hasta las latas de Pepsi en Volver al Futuro, el cine ha sido escaparate ideal para marcas que buscan legitimarse o posicionarse emocionalmente. ¿Publicidad dentro del arte o arte al servicio de la publicidad? La discusión sigue abierta.
El cine ha retratado a la publicidad como espejo, máscara, maquinaria y mito. Nos invita a pensar no solo en lo que consumimos, sino en por qué lo deseamos.
¿Qué película recuerdas donde la publicidad fuera protagonista? ¿Crees que hoy el marketing sigue teniendo ese poder de seducción narrativa?
