En el ámbito de la comunicación interna y el management, el liderazgo en las entidades sociales —asociaciones, fundaciones, ONGs— plantea retos muy específicos. Estos van mucho más allá de la rentabilidad económica o la productividad, ya que entran en juego elementos como la cohesión de equipos muy heterogéneos, la motivación por valores, la participación democrática y la sostenibilidad social y económica.
Vamos a analizar algunas claves del liderazgo en las organizaciones sociales, desde una perspectiva basada en la gestión estratégica y la comunicación interna.

1. Liderazgo ético y transformacional: la base en las entidades sociales
El liderazgo ético no es opcional en las entidades sociales: es la condición misma de su legitimidad y sostenibilidad. Las personas que lideran estas organizaciones deben ser coherentes entre su discurso y sus actos, practicando un liderazgo basado en la integridad, la transparencia y la responsabilidad.
Además, suele predominar el liderazgo transformacional, según el cual el líder inspira, moviliza y empodera a los equipos para alcanzar cambios sociales concretos. Las personas no siguen al líder solo por su cargo, sino por su visión y por la confianza que genera.
Principales características:
- Alto compromiso con la misión social.
- Fomento del sentido de pertenencia.
- Inspiración y empoderamiento.
- Liderazgo por ejemplo y coherencia ética.
2. Comunicación interna como herramienta clave
La comunicación interna es mucho más que la transmisión de órdenes o la coordinación de tareas. En una entidad social, actúa como el “pegamento” que cohesiona equipos, voluntariado, personas socias y juntas directivas.
Funciones esenciales de la comunicación interna:
- Construir identidad compartida.
- Favorecer la transparencia y la confianza.
- Impulsar la participación activa en la toma de decisiones.
- Gestionar el cambio ante nuevos proyectos o crisis.
- Prevenir y resolver conflictos internos.
Las herramientas pueden ir desde boletines internos y reuniones periódicas, hasta canales digitales como intranets, grupos de mensajería instantánea o plataformas colaborativas.
3. Liderazgo distribuido y participación
Frente al liderazgo jerárquico clásico, en las entidades sociales es habitual un modelo de liderazgo distribuido o compartido. Esto implica que:
- El poder de decisión se reparte entre distintos niveles.
- Se promueve la horizontalidad y la participación.
- Se valora la experiencia y el compromiso, no solo la posición formal.
- Las juntas directivas, coordinaciones y asambleas tienen un rol clave.
Este enfoque facilita la corresponsabilidad, pero exige también una buena formación en gobernanza y liderazgo para evitar la parálisis por exceso de debate o la falta de liderazgo claro.
4. Desafíos habituales del liderazgo en el Tercer Sector
✔ Gestión del voluntariado: Liderar equipos donde muchas personas no tienen vínculo laboral directo requiere habilidades específicas de motivación, reconocimiento y cohesión.
✔ Diversidad de perfiles: Las entidades sociales suelen tener equipos diversos en edad, cultura, formación o capacidades, lo que obliga a desarrollar liderazgos inclusivos y adaptables.
✔ Escasez de recursos: El liderazgo debe ser creativo y resiliente, capaz de gestionar la escasez económica sin comprometer la calidad de los servicios.
✔ Desgaste emocional: Los líderes deben saber gestionar el estrés y el desgaste que supone trabajar en causas sociales de alto impacto emocional.
5. Competencias clave del liderazgo en entidades sociales
- Empatía y escucha activa.
- Habilidades comunicativas avanzadas.
- Gestión emocional y resiliencia.
- Pensamiento estratégico.
- Capacidad para negociar y mediar.
- Orientación al aprendizaje continuo.
Liderar con “auctoritas”, no con “potestas”
Los romanos distinguían entre dos formas de liderazgo muy claras:
- Potestas: el poder formal que otorga el cargo, la jerarquía o la autoridad legal.
- Auctoritas: el respeto y la influencia que nacen del prestigio, la sabiduría, la experiencia y la integridad moral.
Mientras que la potestas se basa en la estructura, la auctoritas se basa en la confianza.
En el Tercer Sector, el liderazgo efectivo siempre debe apoyarse en la auctoritas.
No es un liderazgo que impone, sino que inspira. No se trata de “ordenar”, sino de convencer y movilizar.
El liderazgo social exige desarrollar la auctoritas a través de:
- Coherencia entre el discurso y los actos.
- Escucha activa y empatía real.
- Transparencia y rendición de cuentas.
- Compromiso sostenido con la causa.
Quien ostenta solo la potestas corre el riesgo de perder la confianza de sus equipos y de bloquear la participación. Por el contrario, quien cultiva su auctoritas puede generar cambios profundos, sostenibles y compartidos.
Un liderazgo al servicio de la misión
El liderazgo en las entidades sociales no puede separarse de la misión y los valores de la organización. Un buen líder no solo logra resultados, sino que:
- Fortalece la cohesión interna.
- Cuida la salud emocional de sus equipos.
- Genera un impacto social duradero.
Invertir en la formación y el desarrollo del liderazgo es una prioridad estratégica en el Tercer Sector. No es solo una cuestión de eficacia, sino de sostenibilidad y coherencia.
