El reto de conectar mundos: cómo generar sinergias entre ONG y empresas a través de la RSC y la comunicación estratégica

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El signo de nuestro tiempo son las interdependencias. Las fronteras entre lo económico, lo social y lo ambiental ya no son estancas, y cada vez más actores reconocen que los retos globales —desde la emergencia climática hasta la exclusión social— exigen soluciones compartidas. En este contexto, la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) y el Tercer Sector no pueden seguir actuando en paralelo: deben colaborar.

Es necesario analizar los pasos que deben dar las ONG y asociaciones de interés social para convertirse en interlocutores válidos y atractivos para las empresas, cómo diseñar propuestas de valor alineadas con la RSC, y qué papel juega la comunicación institucional en la creación de estas alianzas.


De la filantropía al valor compartido: un cambio de paradigma

Durante años, muchas empresas han entendido su compromiso social como una práctica residual: donaciones puntuales, patrocinios de bajo perfil o actividades de voluntariado corporativo con escaso impacto estratégico. Pero esta visión ha mutado.

Desde la propuesta de Michael Porter y Mark Kramer sobre el valor compartido, se consolida una idea poderosa: las empresas pueden —y deben— generar beneficios económicos alineados con el bienestar social y ambiental. Es ahí donde las organizaciones sociales entran en juego como aliadas expertas en impacto, legitimidad comunitaria y conocimiento de problemáticas sociales.


Diagnóstico del desencuentro: lo que todavía no funciona

A pesar del potencial de colaboración, el diálogo entre empresas y ONG sigue lleno de desencuentros. Algunas de las barreras más habituales son:

  • Asimetría de lenguaje y objetivos: Mientras las empresas hablan en términos de KPI, retorno de inversión o posicionamiento de marca, muchas ONG se expresan desde la ética, el compromiso y el cambio social. Falta traducción entre mundos.
  • Visión utilitarista o asistencialista: Algunas empresas siguen entendiendo a las ONG como meras ejecutoras de su obra social, y no como socios estratégicos.
  • Debilidad comunicativa del Tercer Sector: Muchas organizaciones sociales no disponen de planes de comunicación ni equipos especializados que sepan cómo proyectar su valor diferencial ante el sector privado.

Claves estratégicas para las ONG: profesionalizar, posicionar, proponer

Para poder generar sinergias reales con empresas, las ONG deben dar algunos pasos clave:

1. Autodiagnóstico institucional

¿Tenemos una propuesta de valor clara? ¿Sabemos explicar qué problema social resolvemos, cómo lo hacemos, y qué nos diferencia de otras entidades? ¿Podemos traducir nuestro impacto en datos?

2. Identificación de puntos de contacto

Analizar qué empresas del entorno (territorial o sectorial) pueden estar interesadas en nuestras causas. ¿Comparten alguno de nuestros objetivos sociales? ¿Son sensibles a los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible)? ¿Qué retos sociales pueden abordar mejor con nuestra colaboración?

3. Diseño de propuestas de colaboración adaptadas

No se trata de pedir una subvención, sino de diseñar una alianza. Hay que hablar su lenguaje: retorno reputacional, visibilidad, impacto medible, coherencia con sus memorias de sostenibilidad.

4. Plan de comunicación institucional

La ONG debe contar con una identidad clara, canales propios y una narrativa que transmita credibilidad, confianza e innovación social.


Modelos de colaboración posibles: más allá del patrocinio

Las formas tradicionales de colaboración (donación, patrocinio o mecenazgo) siguen existiendo, pero se amplía el abanico:

  • Marketing con causa: campañas que vinculan la venta de un producto con una acción social. Clásico ejemplo: American Express y la Estatua de la Libertad (1983).
  • Voluntariado corporativo estructurado: programas donde la empresa aporta talento profesional a la ONG (asesoría, formación, mentoring).
  • Innovación social conjunta: co-creación de productos o servicios que generen impacto. Ejemplo: IKEA Murcia y FEYCSA a través de ‘Hilando Fino’, un taller de arreglos textiles y bordado personalizado.
  • Alianzas estratégicas a largo plazo: acuerdos multianuales con planes compartidos, evaluación conjunta y comunicación coordinada.

La comunicación como puente entre mundos

La comunicación no es solo un altavoz, sino el pegamento que puede unir visiones distintas en un relato compartido. Algunas claves:

1. Narrativas alineadas

Es crucial que la ONG y la empresa compartan un eje narrativo: desde los valores hasta el problema social que abordan. Esto no significa renunciar a la identidad, sino construir un marco común.

2. Storytelling con impacto

Las historias conectan mejor que los informes. Mostrar a los beneficiarios, al voluntariado, al personal comprometido… pone rostro al cambio social y genera conexión emocional.

3. Gestión reputacional compartida

Ambas partes deben cuidar que la alianza sea coherente y transparente, evitando caer en prácticas de greenwashing o instrumentalización.

4. Plan de comunicación multicanal

La colaboración debe comunicarse en distintos soportes: redes sociales, medios, memorias anuales, eventos… y hacerlo con autenticidad.


Marco de actuación: una hoja de ruta práctica para ONG

Propuesta de pasos clave:

  1. Auditoría interna de comunicación y valor diferencial.
  2. Identificación de empresas con intereses alineados.
  3. Diseño de dosieres de colaboración (impacto, alineación, beneficios mutuos).
  4. Entrenamiento de portavoces y relaciones institucionales.
  5. Generación de contenido compartido (vídeos, testimonios, casos de éxito).
  6. Seguimiento y evaluación conjunta de impacto.
  7. Revisión ética periódica del acuerdo.

Conclusiones y desafíos pendientes

La colaboración entre organizaciones sociales y empresas no es una moda, sino una necesidad en sociedades complejas. Pero para que sea auténtica y transformadora, requiere confianza mutua, objetivos compartidos y estructuras profesionales de comunicación.

Las entidades sociales deben abandonar posiciones pasivas y proyectarse como actores clave del ecosistema de acción social y sostenibilidad. Y las empresas deben entender que su responsabilidad no se limita al compliance o a la reputación, sino que implica contribuir al bien común.

Porque solo generando alianzas honestas, duraderas y comunicativamente eficaces podremos generar un entorno de colaboración en la que combinemos crecimiento económico y bienestar social.

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