Cultura 2.0 más allá de la comunicación

Ayer, mientras iba en el coche, escuchaba en las noticias de la radio la apuesta de Renault por su pequeño vehículo eléctrico urbano, Twizzy. La empresa está trabajando con Acciona e Indra en la producción de postes eléctricos para su recarga. Pero lo que me llamó la atención fue la idea de ofrecerlo a los ayuntamientos (están negociando con el de París) como vehículo de alquiler “rápido”, siguiendo la modalidad de las bicicletas públicas que empiezan a proliferar por las capitales europeas. Se trata de una buena idea, que en principio aporta valor al turismo aunque puede ser de gran utilidad como transporte público autónomo y no contaminante, y a la postre tener efectos en otros campos como los negocios, las visitas comerciales, etc.

Cierto es que existe el precedente de las bicis, pero esta idea me hizo visualizar un futuro cercano (quizá algo utópico) en el que estos coches fueran utilizados de manera compartida para ir al trabajo, a visitar a un cliente o para conocer una ciudad. Y me pareció una idea muy 2.0, muy acorde con las nuevas ideas, los nuevos viajeros y los nuevos profesionales que están surgiendo en el (por fin) emergente siglo XXI.

Y se me ocurrió pensar que realmente esta cultura 2.0, impulsada por Internet y los medios sociales, en realidad tiene gran calado y acabará afectando a toda nuestra manera de crear y pensar, porque, ¿cómo serán los proyectos que imagine toda esta gente acostumbrada a compartir, aprender, crecer y comunicar en red? Sin duda poco a poco iremos viendo proyectos más osados y transversales, proyectos que afectarán a nuestra realidad y no sólo a nuestra virtualidad. Ya están sucediendo: se llaman Bancos del Tiempo. Se llaman bicicletas de uso público. Se llama coche eléctrico público. Se llaman exposiciones colectivas creadas a partir de un grupo de Facebook.

Por desgracia también se llaman Al Qaeda, claro… pero nunca hubo ying sin yang.

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